El Cuerpo se Aviva con Amor

Tal como Cristo nos aceptó cuando éramos desagradables débiles y nada parecidos a él, así nosotros debemos recibir voluntariamente a los que son “hermanos débiles” y ser comprensivos con su forma de vida que no aprobamos precisamente.


La iglesia debe también acoger a los extraviados, los inadaptados los enfermos. Estos forasteros, recibidos y alimentados, podrían proteger a la iglesia de caer en el lento enfriamiento del profesionalismo y el formalismo.

Una señora de edad no podía soportar el ver gatos vagabundos desamparados en las noches frías del invierno. Una tarde acogió, además de propio perro y su gato. Después de acostarse le atacó una enfermedad repentina y no se pudo levantar de la cama. La casa se enfrió al apagarse la estufa. Las ventanas temblaban azotadas por el viento de la noche. La temperatura descendió a bajo cero. Parecía no haber esperanza para esta anciana.


Cuando los vecinos la echaron de menos al día siguiente la encontraron en su cama, bien calentita. A cada lado de su cabeza ronroneaba un gato vagabundo, otro estaba alrededor de su cuello como una estola de piel. Dos se habían acomodado bajo sus axilas y dos más a sus costados. Su perro se había tumbado sobre su estómago. Los vagabundos que había protegido le salvaron la vida.